Maritorio y el compromiso de Chile con el Mar

"Con el concepto de Maritorio, pasamos a conectar la “larga y estrecha faja de tierra” con una enorme extensión marítima, de la que no solo recordamos su relevancia para comerciar y conectarnos con el mundo, sino que asumimos ahora también la responsabilidad de su cuidado y preservación".

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La presentación por parte de varios constituyentes de una propuesta para consagrar en la propuesta constitucional que evacuará la Convención Constitucional a más tardar el próximo 4 de julio del concepto de Maritorio, representa una propuesta novedosa e interesante en relación al potencial de este concepto y su impacto en nuestra sociedad.

Acuñado por el biólogo Juan Carlos Valencia, se hace cargo de la necesidad de reconocer el hecho de que si bien, nativamente, el ser humano es una creatura terrestre, la responsabilidad de nuestra sociedad y Estado sobre los territorios marítimos es igual o incluso superior a la que tenemos respecto a la Tierra Firme. El que del mar conozcamos aún poco, incluso menos que de objetos en el espacio, nos hace recordar que los espacios oceánicos no solo son vías de transporte o fuentes de alimentación y riqueza, sino que suponen un enorme desafío, en buena parte desconocido, para conservar y cuidar sus ecosistemas y sistemas básicos.

Chile, producto de su tradición continental campesina, forjada durante el siglo XVIII cuando la Dinastía Borbónica, por intereses geopolíticos de su imperio, busco aislarlo para evitar que la información relativa a sus aguas llegara a los rivales europeos de España, vivió largos períodos de tiempo a espaldas del mar. Pese a ello, con la Independencia, los Libertadores comprendieron desde el principio que las comunicaciones marítimas y el control sobre los pasos australes eran sencillamente vitales para el desarrollo futuro del país. La Consolidación de la Soberanía Chilena en Magallanes, desde 1843, y la incorporación de Rapa Nui son demostraciones de esa mirada. Incluso, en etapas mas recientes, la Armada propuso conceptos como el de Mar Presencial, en el que sin reclamar derechos soberanos, recordaba a relevancia de la presencia chilena en un amplio triángulo del Pacífico Sur.

Hoy, con el concepto de Maritorio, pasamos a conectar la “larga y estrecha faja de tierra” con una enorme extensión marítima, de la que no solo recordamos su relevancia para comerciar y conectarnos con el mundo, sino que asumimos ahora también la responsabilidad de su cuidado y preservación. La idea de Maritorio no es, por tanto, excluyente. No se trata de abandonar la valoración de la tierra en beneficio del mar, sino de hermanarlos en un todo coherente que combine una visión sistémica y orgánica de preservación y uso.

De aceptarse su inclusión en la propuesta constitucional, podríamos dar un paso relevante como Nación no solo en el ámbito de nuestros derechos soberanos e incluso de responsabilidad, sino que también de liderazgo mundial en relación a la evolución del Derecho del Mar. Ello especialmente considerando los más que relevantes esfuerzos desarrollados por Chile con anterioridad, en la definición de las delimitaciones marítimas del sistema del Pacifico Sur como en la preparación de lo que hoy conocemos como la Convención de Derechos del Mar.

** Fernando Wilson L. es Doctor en Historia de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez

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