Análisis: Lecciones de la crisis ucraniana

Vivimos una emergencia de potencias asiáticas y una recuperación rusa que reclaman rebarajar el naipe del poder mundial.

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La crisis en Ucrania no amaina. ¿Vamos a un conflicto mayor? ¿Cuáles son los intereses en conflicto? ¿Existe una salida diplomática? ¿Cuáles son los actores principales de esta crisis? En mi modesta visión, en la crisis ucraniana están superpuestas dos crisis. La primera es una crisis de Ucrania propiamente tal, que se arrastra desde la anexión de Crimea y la emergencia de las provincias prorrusas del Donbass. Pero sobre ella se yergue otra crisis, referida a

redefinir las bases del orden mundial que se instaló en 1990, y que afecta a varias potencias: Rusia, la UE, los EEUU y la OTAN. Veamos brevemente cada una de ellas.

La crisis ucraniana

Este no es un tema puramente histórico ni menos jurídico. Aunque hay fuertes vertientes de ello, desde que surgió el Rus de Kiev, Ucrania tiene lazos profundos con Rusia y Bielorusia. Geográficamente esto es más fuerte en las regiones ubicadas al este, en la frontera con la hoy Federación Rusa. Recordemos que en la época de la URSS todo era un solo Estado, con simples divisiones administrativas. En tiempos de Nikita Jrushov, se traspasó Crimea a Ucrania, nadie dijo mucho porque todos eran soviéticos. Dato: Nikita era ucraniano de origen. Por algo Putin, después del plebiscito que votó la incorporación a Rusia, declaró que Crimea había regresado a la Patria rusa.

La separación de Ucrania de Rusia fue como todo divorcio, con duelos y disputas por los muebles (incluida la poderosa flota del Mar Negro). En Ucrania empezaron a convivir sectores pro rusos con otros pro occidentales. Estos últimos impulsaron un acercamiento a la UE y miraron con simpatía una adhesión a la OTAN. Los ucranianos no han construido un consenso entre estas dos proyecciones y así estalló la llamada guerra del Donbass el 2014 donde se enfrentan ucranianos pro rusos con los pro euros. Este es un conflicto abierto, que enfrenta a Rusia con Ucrania y también a fuerzas paramilitares de ambos bandos.

Esto es en lo fundamental el conflicto ucraniano propiamente tal. Sobre él se despliega una competencia entre potencias.

Cuestionando el orden mundial

Rusia reclama que al finalizar la guerra fría, Occidente se habría comprometido a no expandirse militarmente al este de Berlín. Pero no fue así, la OTAN fue incorporando sucesivamente a los ex países socialistas a sus filas. Cuando intentó incorporar a Georgia (en la retaguardia asiática de Rusia) Moscú reaccionó, en cortos días aplastó al pequeño ejército georgiano (a esas alturas entrenado y equipado por los americanos). Fue la guerra de Osetia con la cual Rusia advirtió que no iba a permitir a la OTAN instalarse en sus fronteras. Rusia reclama que desde 1990 la alianza atlántica se ha ido expandiendo hacia sus fronteras e instalando bases y armamento que pone en peligro su seguridad. Es el mismo argumento que utilizó EEUU en 1962 cuando la URSS instaló cohetes en Cuba.

En 1990 Rusia estaba golpeada, hoy se ha recuperado. Aunque su economía sigue teniendo un desarrollo menor que otras potencias, su fuerte está en la exportación de petróleo y gas.

Ambos indispensables para Europa. Sus FFAA se han reorganizado y siguen detentando una capacidad estratégica de primer nivel. Y posee un líder que tiene muy claro cómo defender el interés nacional ruso. En la política de defensa rusa figura en lugar destacado la protección de los ciudadanos rusos que viven en el exterior. La desintegración de la URSS dejó viviendo a importantes núcleos de población rusa en estados que se independizaron, no en todos reciben un trato adecuado.

Otro actor importante es obviamente los EEUU, principal socio de la alianza atlántica. Todo indica que la política de seguridad estadounidense apunta a enfrentar la emergencia de la potencia china. Para poder concentrarse en ello se retiraron de las costosas -e ineficientes campañas en Irak y Afganistán. Un conflicto con Rusia no estaba en sus planes inmediatos y su cuadro interno revela que las heridas y cicatrices que dejó la administración de Donald Trump aún no están sanadas del todo. ¿Resistiría la opinión pública americana una nueva e incierta guerra contra Rusia? Si la sombra de Trump y su American First aún se proyecta, ¿cómo repercutirá política y electoralmente una escalada en el conflicto ucraniano?

Europa por su parte está dividida. Algunos países han aportado material de guerra a Ucrania, pero muy pocas tropas. Otros, como la poderosa Alemania, buscan una solución diplomática.

La Francia de Macron (ojo, no es miembro pleno de OTAN) acaba de proponerle una salida negociada a Moscú. Los países más pro estadounidenses son aquellos que están al Este de Europa, los más occidentales fijan su seguridad en el combate al terrorismo.

La OTAN es otra cosa, pero ella es una alianza militar donde además está el Reino Unido, que recordemos se separó de la Unión Europea. La OTAN ira donde los socios sajones dispongan.

En suma, Occidente no está muy unido en este tema, y Rusia está muy decidida. Recordemos que el General Invierno termina en un par de semanas y el clima es vital para toda maniobra militar.

Las enseñanzas de la crisis ucraniana: La crisis ucraniana reitera viejas enseñanzas.

Quizás la primera es aquella máxima que indica que la mejor defensa que un país puede construir es la propia. De lo contrario corre el riesgo de que su destino sea decidido en una mesa de la cual no se participe. Recordemos Checoslovaquia en Munich.

La segunda, es que una defensa no se improvisa, requiere de una política definida y sostenida en el tiempo por un Estado. No se trata de que frente a una crisis la ciudadanía se movilice, porque hoy la tecnología y el desarrollo científico impone disponer de fuerzas profesionales que requieren años de preparación y entrenamiento constante dado el avance tecnológico.

Pensemos solo en lo que se necesita para disponer del imprescindible dominio aéreo en materia de radares, mapeos, horas de vuelo, ejercicios. Vale lo mismo para las fuerzas de mar y tierra.

Quizás lo más importante es la definición de los objetivos que se persiguen con una política de defensa determinada. Si la definición del objetivo a alcanzar se corresponde con la capacidad estratégica que se construya. Ojo, la defensa de un país no es solo su elemento militar, porque cuando un país se defiende, lo hace con todos sus recursos: población, economía y sus aliados internacionales. Lo fundamental está en la capacidad del conductor de saber movilizar todo el potencial nacional tras la defensa.

Otra enseñanza reiterada por esta crisis, es la de que estamos lejos de vivimos en un mundo de paz y cooperación. Dentro y fuera de Chile han pululado quienes niegan lo anterior, y con ello, desnaturalizan la función de defensa. Ojala nunca Chile se encuentre en una situación en que su destino sea decidido por otros, para ello debemos de aprender de las enseñanzas de la historia y construir una sólida doctrina de defensa de lo nuestro.

Finalmente, es evidente que en la segunda década del siglo 21 vivimos un cuadro de poder muy diferente al de 1990. Occidente no puede pretender que sea solo el quien dicte las normas, vivimos una emergencia de potencias asiáticas y una recuperación rusa que reclaman rebarajar el naipe del poder mundial. Esperemos que la sabiduría de las elites gobernantes asuman con realismo y practicidad las nuevas características de la sociedad global.

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