La primera crisis del Gobierno: Balazos en visita ministerial en La Araucanía terminan la luna de miel

La improvisación acicateada por la urgente necesidad de marcar agenda, pero ignorando la realidad de una zona que hasta hoy habían observado desde lejos, le cobró un duro peaje al Gobierno a menos de una semana de su instalación.

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La euforia del viernes con la llegada de Gabriel Boric a La Moneda, y las actividades “populares” en el entorno protegido de la capital durante el fin de semana parecían anticipar una auspiciosa y larga luna de miel de la entrante administración con la ciudadanía, pero la balacera en la visita de la ministra del Interior a La Araucanía terminó con el idilio y de paso instala la primera crisis par el naciente gobierno.

Las nuevas autoridades entraron copando todas los escenarios para detallar la puesta en práctica de la agenda de cambios del Gobierno, todo ello de cara al lunes y el inicio formal del trabajo.

Y fue un día con un inicio vertiginoso, marcando agendas y desplegando diversas vocerías ministeriales. En el Palacio Presidencial optaron por partir a 100 kilómetros por hora y acometer desde el inicio uno de los temas más complejos: el llamado “conflicto mapuche”. Un asunto que ya había sido polémico durante la campaña presidencial cuando -recordemos- la jefe de campaña de Boric, Izkia Siches, señaló que invitarían a dialogar incluso a los grupos violentistas y radicales, personificados en la CAM, lo cual le atrajo una montaña de críticas. Ahora, con la expresidenta del Colegio Médico empoderada como la nueva ministra del Interior, se apuntaba a reflejar en el terreno todos los planes y expectativas de las nuevas autoridades.

Sin embargo, el “buenismo”, el exceso de confianza, la irreflexión, y la ignorancia pura y dura de la realidad de la zona por parte de los flamantes personeros gubernamentales terminarían por pasarles la cuenta y desatarían la primera crisis de proporciones del Gobierno del Presidente Boric, con menos de una semana en el poder. Todo un récord.

Temprano anunciaron el viaje de una pléyade de ministros, encabezados por Siches, a La Araucanía (nombrada insistente y exclusivamente como Wallmapu por las autoridades en el punto de prensa), donde darían a conocer el plan de trabajo interministerial para la región, insistiendo en la necesidad de diálogo y en terminar con el Estado de Excepción y la militarización, recalcando respecto a esto último el concepto de “retirada” urgente.

La apuesta al cambio, a un nuevo pacto y a mostrar la “oferta” que preparaba el Gobierno desde Santiago para comenzar a superar las dificultades y carencias que afectan a un porcentaje importante de la población local parecían ser suficientes credenciales para el viaje. La creencia instalada era que bastaba con la sola presencia de estas nuevas autoridades para cambiar la sensación de un ambiente hostil.

Pero eso reflejó solamente una ignorancia sorprendente. Se dejó de lado la realidad que se ha conformado por décadas del pueblo mapuche, de agricultores, empresarios de los más diversos pelajes, autoridades locales, organizaciones. Se ignoró las amenazas de grupos violentistas que se arrastraban por meses en contra de las nuevas autoridades. Se evadió recordar que esta Región fue virtualmente dejada de lado por la campaña de Boric, donde José Antonio Kast obtuvo una victoria avasalladora y la derecha logró su mejor resultado electoral de cara al Congreso. En suma, se trata de un territorio que en el mejor de los casos está expectante, pero lejos de la euforia de Santiago y Valparaíso.

En la agenda se sumaba el simbólico encuentro con el padre de Camilo Catrillanca en la peligrosa y rebelde comunidad de Temucuicui. La misma donde hace 14 meses un operativo masivo de la PDI terminó con un inspector muerto y un fuerte impacto en el país. La autoridad de Carabineros advirtió que el escenario no era el más apropiado para un viaje de estas características.

Las instrucciones, sin embargo, fueron claras: se trataba de dar un golpe mediático que remarcara el camino de diálogo adoptado por el actual Gobierno, mostrando un camino humilde, sin militarización, sin carabineros, sin armas y ni siquiera vehículos blindados para la seguridad de los integrantes de la comitiva.

Apuesta arriesgadísima, un salto de fe al vacío, que resultó como resultó.

El que la primera visita oficial de una de las más altas autoridades del nuevo Gobierno sea recibida a balazos y con cortes de camino -dejando a la comitiva en una enorme desprotección como lo mostró un video difundido por T13 en su sitiocreó una enorme impresión al interior de la nueva administración. Ya se buscan culpables de las decisiones apresuradas, en el entorno de la propia ministra del Interior, además de algunas seguridades entregadas por algunas otras autoridades de que serían recibidos sin problemas y que al final se demostraron falsas.

Más aún, el hecho implicó un duro daño en imagen, reforzando la caricatura esbozada desde algunos sectores de la oposición sobre “jóvenes ingenuos sin experiencia”.

Es bueno hacer hincapié en que no se trata de criticar el nuevo camino buscado por las nuevas autoridades para buscar descomprimir la tensión en La Araucanía. Años de fracasos y medidas a medias abren paso a buscar nuevos caminos. Pero justamente lo complejo de la situación, la necesidad de aunar muchas voluntades para lograr poner en marcha un real y efectivo proceso de diálogo y, sobre todo, el clima de violencia imperante -con terrorismo y narcotráfico incluido-, invitaban a sentarse a discutir y planificar adecuada y profundamente los pasos a seguir para este primer viaje.

La obsesión por hacer todo de golpe para lograr un objetivo estratégico en tan poco tiempo terminó por descartar un proceso más progresivo y desatar un fracaso político de primer orden, dando combustible a quienes sostienen la necesidad de mantener el Estado de Excepción (que el Gobierno ya había adelantado que no renovaría), y despertando las primeras críticas al interior de la alianza oficialista con cuestionamientos desde el Partido Comunista hasta el Socialismo.

Peor aún, a menos de una semana de llegar al poder, se podría vislumbrar peligrosamente el final anticipado de la luna de miel, una que quizás nunca existió realmente en La Araucanía, pero que pone en alerta al Gobierno en sus zonas fuertes, y que obligará a redoblar esfuerzos en otras áreas para mostrar éxitos quizás más pronto de lo que se anticipaba.

Izkia Siches, por su parte, deberá sentarse a repensar su estrategia. El escenario nunca fue fácil y, por lo mismo, no puede darse el lujo de volver a subestimarlo.

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