07/11/2019

Impacto emocional

Impacto emocional

Es importante reflexionar respecto del impacto emocional que la contingencia puede tener en cada ciudadano. Me atrevo a decir que la gran mayoría ha experimentado la necesidad de unirse en marchas y manifestaciones sociales como una forma de manifestar su descontento y hacer escuchar sus necesidades, lo que podríamos llamar una “catarsis social”, que por […]


Es importante reflexionar respecto del impacto emocional que la contingencia puede tener en cada ciudadano. Me atrevo a decir que la gran mayoría ha experimentado la necesidad de unirse en marchas y manifestaciones sociales como una forma de manifestar su descontento y hacer escuchar sus necesidades, lo que podríamos llamar una “catarsis social”, que por cierto quienes nos dedicamos al área clínica de la Psicología sabemos lo terapéutico que es en los consultantes poder hablar sin censura de aquello que les duele, molesta o preocupa. Desde esta mirada me permito postular que ha sido un proceso de apertura emocional, de desahogo, de unión y conexión con otros.

Hemos visto alteradas nuestras rutinas laborales, familiares, personales, lo ha promovido una experiencia comunitaria, que desde el terremoto de 2010 no experimentábamos. Si entre vecinos no había ningún tipo de acercamiento, seguramente hoy sí lo hay, se encontraron en pasajes, calles, plazas etc. Paseando a los niños/as, haciendo ejercicios o en los llamados de cacerolazos en los barrios, poblaciones, condominios. Hay un regreso a lo colectivo por sobre lo individual, que sin duda, nos dejará un camino y un avance en materia de compromiso ciudadano.

Pero también nos encontramos con personas que, lejos de poder disfrutar de espacios de reflexión, de participación ciudadana, se encuentran con vivencias aterradoras, ya sea desde sus recuerdos que vuelven a surgir con la misma angustia experimentada hace más de 30 años o con experiencias recientes de violencia. Seguramente algún amigo, vecino o familiar puede estar experimentando sensaciones de inseguridad, miedo, incertidumbre, angustia etc. Ante ello creo que debemos apoyar a través de la contención, escuchando sin juzgar, no minimizar lo que la persona está sintiendo, permitir al otro la expresión de lo que siente, transmitir aceptación, proporcionar información válida y objetiva que pueda contrarrestar los pensamientos catastróficos y en caso de que los síntomas experimentados sean muy agudos buscar apoyo psicológico.

Finalmente sugiero tomar los resguardos necesarios respecto a la información que tienen acceso los niños respecto a los hechos de violencia que se han presentado y para ello es necesario no exponerlos a imágenes provenientes de la televisión, redes sociales o cualquier medio de comunicación que exhiban hechos violentos o personas heridas, ya que ello puede atentar en contra de la salud mental de niños que en esta etapa necesitan de cuidados y protección de adultos responsables.

Sobre el autor:

Académica Psicología - Universidad de Las Américas

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