La razón por la que la tecnología UHT es vital para la industria láctea
Optimizando la calidad y seguridad de los productos lácteos para el consumidor.
Los productos lácteos, como la leche, el yogur y el queso son alimentos de alta densidad nutricional gracias a sus aportes en proteínas y vitaminas. Esta razón hace que su consumo sea cada vez más alto. Por ejemplo, el consumo medio per cápita calculado de productos lácteos fue de 118,2 kg en 2021, según datos de Consorcio Lechero.
Esto significa un alto nivel de producción y de tecnología que permita a los productos lácteos conservar sus propiedades. Para eso, deben ser sometidos a tratamientos eficientes que sean capaces de garantizar su seguridad alimentaria, prolongar su vida útil, eliminar patógenos, preservar nutrientes y proporcionar un producto final de alta calidad y sabor.
Teniendo esto en cuenta, el tratamiento a altas temperaturas (UHT) ha demostrado ser un pilar esencial en la producción de productos lácteos seguros y de calidad. Este proceso consiste en calentar el producto a más de 135°C, lo que resulta en la destrucción de todos los microorganismos, garantizando que el producto final sea, además, apto para una distribución responsable con el medio ambiente.
Esta tecnología se aplica a una amplia gama de productos, como la leche UHT, leches saborizadas, cremas UHT, y otras alternativas a los productos lácteos. Además, este método se utiliza para esterilizar alimentos preparados, como sopas, salsas, postres, preparaciones a base de tomate y frutas, y alimentos para bebés.
En el tratamiento a temperaturas ultra-altas (UHT), el objetivo es maximizar la destrucción de microorganismos mientras se minimizan los cambios químicos en el producto. Esto implica encontrar la combinación óptima de temperatura y tiempo de procesamiento para diferentes tipos de alimentos.
Para esto Tetra Pak, líder en la industria de procesamiento y envasado de alimentos, ofrece dos métodos alternativos de tratamiento UHT: el directo y el indirecto. En el proceso directo, el vapor se inyecta brevemente en el producto para luego seguirle un enfriamiento instantáneo. El poco tiempo que dura el proceso permite lograr una muy buena calidad del producto.
El método indirecto, por otro lado, permite que el producto tome la temperatura adecuada mediante intercambiadores de calor, sin entrar en contacto directo con la fuente calórica. La alta rentabilidad de este método radica en la eficiente recuperación de la energía térmica.