Jueves 14 De Mayo De 2026
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Oficios que reconstruyen oportunidades

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  • En medio de un escenario marcado por el desempleo y la exclusión laboral, el área de Oficios de Fundación Cristo Vive impulsa capacitación gratuita para personas en situación de vulnerabilidad, transformando el aprendizaje técnico en una herramienta concreta de autonomía, reinserción y movilidad social.

En Chile, hablar de capacitación laboral muchas veces se limita a cifras de empleo, productividad o crecimiento económico. Sin embargo, detrás de cada curso, cada certificación y cada aprendizaje técnico, también existen historias de personas que buscan volver a empezar, recuperar autonomía o simplemente acceder a una oportunidad que durante años les fue negada.

Ese desafío se vuelve aún más urgente en el contexto actual del mercado laboral chileno. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desempleo llegó al 8,9% en el trimestre enero-marzo de 2026, acumulando además más de tres años consecutivos con niveles de desempleo sobre el 8%.

La situación golpea especialmente a las mujeres. El desempleo femenino alcanzó el 10%, mientras miles de personas continúan fuera del mercado laboral debido a tareas de cuidado, informalidad o falta de oportunidades de capacitación.

Ahí es donde el trabajo de Fundación Cristo Vive adquiere una dimensión profundamente social. Su área de Oficios no solo entrega herramientas para acceder al mundo laboral,  también trabaja con personas que históricamente han quedado fuera de él.

Cada año más de 2 mil estudiantes se forman gratuitamente en las distintas sedes de capacitación de la fundación, aprendiendo oficios vinculados a gastronomía, construcción, electricidad, informática, confección, peluquería y cuidados, entre otros. Pero el impacto de estos programas va mucho más allá de enseñar una habilidad técnica.

“Cuando una persona aprende un oficio, no sólo adquiere conocimientos para trabajar. Recupera confianza, autonomía y la posibilidad de proyectar un futuro distinto”, explica Nicolás Morovic, director del Área de Oficios de Fundación Cristo Vive.

Muchas de las personas que llegan a estos programas lo hacen desde contextos marcados por la vulnerabilidad. Mujeres que dejaron sus empleos para dedicarse al cuidado de otros; jóvenes que crecieron lejos de oportunidades; trabajadores que quedaron rezagados frente a un mercado laboral cada vez más exigente; o personas privadas de libertad que buscan reconstruir sus vidas.

En ese escenario, el aprendizaje de un oficio puede transformarse en algo mucho más profundo que una capacitación. Puede significar independencia económica, estabilidad emocional y también integración social.

Capacitar para movilizar

Diversos estudios internacionales han demostrado que la capacitación laboral es uno de los factores más relevantes para romper ciclos de pobreza, especialmente cuando se vincula con empleabilidad real y certificación de competencias. En Chile, donde además la informalidad laboral alcanza el 26,5%, acceder a formación técnica se vuelve clave para mejorar ingresos y estabilidad laboral.

Uno de los ejemplos más emblemáticos del trabajo de la fundación ocurre precisamente en centros penitenciarios de la Región Metropolitana, donde realizan un trabajo conjunto con Fundación Patérnitas. Durante 2025 desarrollaron 14 cursos de formación laboral con más de 230 personas egresadas en áreas como peluquería, gastronomía, confección, marroquinería y electricidad.

Para Morovic, el desafío de la reinserción no puede abordarse solo desde el discurso. “La reinserción necesita oportunidades concretas. Cuando una persona sale sin herramientas ni posibilidades reales de empleo, es mucho más difícil romper los ciclos de exclusión”, señala.

La misma lógica se replica en el trabajo con personas cuidadoras, un grupo históricamente invisibilizado en Chile. A través de cursos certificados en cuidados y primeros auxilios, la fundación busca profesionalizar labores que durante años han recaído principalmente en mujeres y que muchas veces se realizan sin reconocimiento ni remuneración.

“Hay personas que llevan años cuidando a otros y nunca habían visto ese conocimiento como una habilidad con valor laboral. Formalizar esas competencias también es una forma de dignificar el cuidado”, sostiene Morovic.

En tiempos donde la exclusión suele reproducirse de generación en generación, recuperar el valor de los oficios también implica recuperar la idea de que el trabajo puede ser una herramienta de movilidad social y no solo una necesidad económica.