Este martes, a pocas horas de la votación de los diputados por el proyecto que permitiría retirar el 10% de los ahorros previsionales, el Presidente Sebastián Piñera, en una jugada en su estilo –como buen especulador financiero- ha hecho una apuesta riesgosa en la que todas sus fichas apuestan a que los erráticos parlamentarios oficialistas no apoyen el proyecto, ofreció  un batería de “ofertas” -ofertones como los tildó la oposición- de último minuto, pero que de todos modos requerirán del paso por el Parlamento, lo que se traduce en demora y en que los recursos enunciados y anunciados por el Presidente se entrampen en la burocracia exasperando a la desesperada ciudadanía que requiere de ayuda económica urgente y no puede esperar otros 30 días más para que se oficialicen las medidas.

Si se asume que esta arriesgada maniobra permitirá que la presión ciudadana aumente para concentrar el poder en el Presidente, dado el no funcionamiento del Congreso y la evidente distancia que éste tendrá de la ciudadanía. En suma, Piñera quiere demostrar que el distanciado es el Congreso y no el. Si así fuese, quién paga el costo de este gallito?

Piñera, que estas últimas semanas pareciera estar más solo que nunca en el frío Palacio de La Moneda y aconsejado por su más cercano orejero Cristián Larroulet, lo que ha provocado es ideologizar y polarizar aún más el complejo debate en el  también errático y a ratos poco serio Congreso Nacional. Entender que el 53% de apoyo en las elecciones simplemente se evaporó. 

Pero el problema de Piñera y  su Gobierno es –como escribió el análisis de National Review – la total desconexión con la realidad: “Pero el gobierno chileno se encontró de golpe con un problema muy simple: atrapados en barrios sobrepoblados, los pobres chilenos no podían darse el lujo de quedarse en casa. Al final, la pobreza, el hacinamiento y una fuerza laboral informal masiva superó la respuesta del gobierno“. Los datos (el excel) que maneja el gobierno no calza con la realidad. Si ello se reproduce con la denominada clase media el tema puede ser más complejo. La batalla del 10% expresa finalmente una indignación ciudadana más que un ataque artero al modelo.

Esta desconexión, la visión harvardiana y de nuevos ricos de su aparato de funcionarios de confianza a los que trata como empleados y no como servidores del Estado, le está pasando la cuenta al  no muy querido Presidente y el problema no sería eso sino que el marasmo que está provocando y la nueva polarización del país llevándolo nuevamente a la lógica de la Guerra Fría, como si este problema del 10% fuera una cuestión de marxistas o capitalistas, siendo que el problemas es mucho más profundo y tiene su génesis en el momento mismo en que se crearon las AFP, la UF y otros “artiulgios” salidos de las aulas de Chicago y que siguen presenten  en el entorno del Mandatario.

Hoy Chile se juega en el Congreso lo que podría ser el fin de una era y el fin del Gobierno del Piñera, un fin que él mismo ha planificado desde la tozudez y la arrogancia propia de quien detenta el poder total incluido el económico –Piñera tiene una de las principales fortunas de Chile- y también desde la ignorancia aunque sea brillante en los números no lo es todo lo demás. Se suma a este crítico  momento el nulo relacionamiento con los empresarios el país, esos que nunca han visto con buenos ojos a Piñera porque no es uno de ellos, ni tampoco de esa derecha tradicional que representa su archienemigo Carlos Larraín que le dedicó  esta  frase: “Los partidos de derecha tienen que apoyar al Presidente de la República, aunque lo encuentren chico, feo y tonto, todo lo que tú quieras, pero es el Presidente de la República”.

Las pandemias, de las que majaderamente,  habla el Presidente han carcomido y devorado el plan de gobierno, y hoy el Mandatario intenta mantenerse en Palacio con jugadas efectistas pero que no convencen ni a la gente ni a sus partidarios y lo peor de todo es que sus ministros políticos son aprendices con nula experiencia y escasa cultura política, esa que no enseñan ni en Harvard ni en Yale, pero sí en Oxford o en la Sorbonne.

Veremos al fin de este miércoles si Piñera es realmente un “winner” o un simple alardeador abandonado a su suerte por los mismos que alguna vez abandonaron al líder que juraban lealtad y que les abrió este camino de economía libre y al que le dieron la espalda. Y en este escenario de marasmo también tienen su alta cuota de responsabilidad política la oposición que por más e 30 años gobernó el país y que también hizo vista gorda del Chile real porque también les resultó cómodo y agradable le mullidez de las poltronas de moda -aunque sin estilo- que proporciona el “modelo”.

Por ello hay que convenir que esta crisis no es provocada solo por las “pandemias” es una crisis que se arrastra varias décadas, donde el Estado se convirtió en una gran vaca lechera pero solo para militantes y simpatizantes de los gobiernos de turno. Hoy Chile entero paga la cuenta de esta “farra”.

La visión política de la “ciudadanía” exige resultados, no excusas.

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