Según el último informe del portal InsightCrime de 2023, Ecuador lidera la tasa de homicidios en América Latina, con 44,5 homicidios por cada 100.000 habitantes, seguido de Honduras, Venezuela, Colombia y México. Muy por debajo se sitúa Chile, con un 4,5.
Si bien los datos no muestran un panorama tan desolador ante el crimen organizado como en México o Colombia, varios informes indican que en Chile se están produciendo analogías "alarmantes" en cuanto a prácticas vinculadas con estos crímenes.
El Índice Global de Crimen Organizado de 2023, publicado por la agencia Global Initiative, remarca que se han observado "indicios de control territorial por pandillas criminales", al igual que "otros fenómenos poco habituales en el país como los 'narcofunerales'", es decir, funerales de miembros vinculados al narcotráfico.
Para entender el origen de esta violencia criminal en el país, los expertos manejan varias hipótesis. Diego Sazo, que también es investigador en la London School of Economics (Reino Unido), plantea, por un lado, la exposición de Chile a un mayor flujo de drogas, cuya producción y tráfico se ha movido hacia el sur del continente. A esto se suma la propagación de otros mercados ilegales -como el tráfico de personas o el lavado de dinero- especialmente tras el estallido social de 2019 y la pandemia de COVID-19. Expertos coinciden en ese período como un punto de inflexión en el país al haber un "vacío de poder", indica Matías Garretón, investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (Coes), con sede en Santiago. Por aquel entonces, los Carabineros seguían bajo una estela de desprestigio tras las protestas de un año antes y tampoco había tanto control en las calles, ya que los esfuerzos estaban dedicados al control sanitario. "Ahí se produjo la oportunidad de expandirse, de diversificar las actividades criminales", dice Garretón a DW. Por otro lado, la llegada de bandas extranjeras, como el Tren de Aragua (Venezuela), Los Pulpos (Perú) y los Espartanos (Colombia), "ha introducido repertorios de violencia extrema en los enfrentamientos entre bandas", indica Sazo a DW. Con todo, los expertos hablan de un contexto de "degradación significativa", reflejado en el recrudecimiento de la violencia criminal en los últimos cinco años. Sazo describe los patrones de esta violencia criminal en un mayor número de sicariatos, desmembramientos, aumento y sofisticación de armas, y confrontación letal de grupos criminales con fuerzas del orden.