Miércoles 9 De Septiembre De 2026
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Análisis: Sobre la carta de los exministros de Defensa y la capacidad disuasiva Chilena

Análisis: Sobre la carta de los exministros de Defensa y la capacidad disuasiva Chilena

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Por: Richard J Kouyoumdjian Inglis***

El domingo 6 de septiembre nos sorprendimos con una carta en El Mercurio de Santiago firmada por los ex ministros de Defensa Nacional Francisco Vidal, Mario Desbordes, José Goñi, Jaime Ravinet, Jorge Burgos y Alberto Espina.

En la carta básicamente se le pide al gobierno no desatender y financiar las necesidades de renovación de capacidades estratégicas de las fuerzas armadas, las que sabemos por lo indicado por el ministro de Defensa Nacional en su cuenta publica de fines de julio de 2026 no habrían sido correctamente atendidas por falta de financiamiento.

El ministro declaró que la ley de financiamiento de capacidades estratégicas N°21.174 no había operado como se esperaba lo hiciera cuando se promulgó durante el segundo mandato de Sebastián Piñera.

El tema de la situación de la Defensa Nacional es algo que he mencionado en varias columnas publicadas en este mismo medio durante el mes de agosto. Cubrimos la responsabilidad política por la conducción de la defensa nacional, el estado en que se encuentra la defensa nacional. También hablamos del grave problema de desfinanciamiento que afecta a la defensa y por ende a las fuerzas armadas que la conforman y su capacidad de ofrecer disuasión ahora y a futuro, algo que va más allá del financiamiento de sus capacidades estratégicas y que se aprecia en su limitado presupuesto operativo, uno que afecta directamente al mantenimiento de su equipamiento, el entrenamiento y alistamiento de sus unidades de combate.

Fueron las decisiones de estadista de los presidentes Frei y Lagos en materias de defensa las que le dieron a Chile un cuarto de siglo de tranquilidad como resultado de nuestra capacidad de generar disuasión. En gobiernos posteriores básicamente se hicieron las inversiones para mantener capacidades estratégicas, pero se evitó tomar decisiones respecto de su renovación.

De no hacer nada, de aquí al 2040 los esfuerzos de Frei y Lagos se habrán perdido completamente. Esos que nos dieron uno de los periodos de mayor tranquilidad que nuestra historia republicana registra.

En nuestra realidad geopolítica y geográfica actual, el mantener una capacidad de disuasión creíble es mandatorio y fundamental para los objetivos estratégicos nacionales.

No financiar la Defensa Nacional ya no es una opción como tampoco el pedirles que se dediquen a otras tareas fuera de lo que es su tarea principal que es la defensa de la soberanía y del territorio, los mares y el espacio aéreo-espacial chileno, como del interés nacional donde sea que esté ubicado.

Eso implica equipamiento y entrenamiento. Implica que el apoyo a labores de seguridad publica sólo debe ser excepcional, repito excepcional, debiendo evitarse lo que los distrae de poder asegurarle al ejecutivo y la nación chilena de poder ofrecer una disuasión efectiva, real y creíble.

Eso no es gratis, implica inversiones y un mayor gasto en defensa, pero asegura paz y tranquilidad, desarrollo económico, prosperidad, soberanía, independencia y democracia.

Preocupa que haya sido un desencuentro vecinal transandino el que haya generado un llamado a la acción y no la ausencia evidente año tras año de inversiones que debieron ser realizadas y como también de la existencia de pobres presupuestos operativos.

Preocupa que haya sido el reequipamiento peruano y argentino el que nos haya gatillado el interés por estado y equipamiento de nuestras fuerzas armadas, algo que la comunidad de especialistas venía indicando desde hace ya un tiempo.

En el anterior gobierno fue poco o nada lo que se logró avanzar. El presupuesto actual fue obra de la administración saliente, algo que la actual podrá corregir cuando el 30 de septiembre presenten al Congreso Nacional la forma en que van a hacerse cargo del problema que les fue traspasado.

Chile tiene objetivos políticos negativos, repito, negativos.

No buscamos o añoramos tener territorios o mares ajenos, algo que no es necesariamente el caso del Perú, Bolivia y la Argentina. Es una realidad con la que debemos convivir, que no quiere decir que no aspiremos a tener con ellos la mejor integración en lo económico y tener un actuar conjunto frente a desafíos comunes que tenemos como son el crimen organizado transnacional que a todos nos afecta, pero para ello debemos tener una capacidad disuasiva potente, real y creíble, y que para serlo debe contar con una inquebrantable voluntad política que asegure que en caso de problemas, su uso será efectivo y letal, disponible ahora como en el futuro, con planes de inversiones y presupuestos operativos que aseguren a los chilenos que la paz que gozamos actualmente podrá durar otros 25 años o más.

Invertir en la Defensa Nacional paga, lo hacen todos los países desarrollados. Lo hacen independiente de que sus vecinos sean bellas personas y les aseguren paz y amor. La labor principal de un Estado es asegurarles a sus ciudadanos el poder vivir en paz, en forma segura y tranquila, algo que, de suceder, permite el desarrollo, la independencia y la democracia. 

No lo tomen a mal, pero esto es más importante que lo que se entiende por el gasto social, la educación, la salud, la previsión social y la vivienda, que son bienes y atributos que sólo existen cuando somos capaces de defendernos o de ofrecer una disuasión eficaz y creíble, una que perfectamente puede implicar de ser necesarios la capacidad de proyectar nuestro poder más allá de nuestro territorio, mares o espacios aéreo-espaciales chilenos. La capacidad de ataque es y será la mejor defensa.

Como bien indican los ex ministros de Defensa Nacional, los tiempos no están para andar desarmados y desequipados, algo que no sólo se justifica por la más compleja realidad vecinal, sino principalmente por la complicada realidad geopolítica global que puede eventualmente tomar formas impensadas. Al parecer la recomendación hecha por el secretario de Guerra de los Estados Unidos de América en Panamá era correcta cuando indicó que debíamos aumentar nuestro presupuesto de defensa.

Por de pronto a lo menos mantendría el presupuesto operativo para el 2027 y comprometería planes de inversión relevantes a contar del 2028. Recuerden que si no hacemos algo luego vamos a perder las capacidades estratégicas existentes de aquí al 2040.

 Sin esas capacidades nuestra realidad podría ser muy distinta y no necesariamente para mejor.

Para cerrar, si hay destructores, fragatas y submarinos japoneses de segunda mano disponibles, bienvenidos sean.

Serían un fantástico programa puente para la Armada, uno muy necesario que nos permitiría mantener capacidades mientras la construcción naval continua toma forma y entrega buques de combate.

richard
Richard J Kouyoumdjian I.
Vicepresidente ejecutivo de AthenaLab