Por: María Inés Albornoz, gerente comercial de Solunion Chile
El crecimiento de 2,4% que registró el Imacec de junio es, sin duda, una buena noticia para la economía chilena. Después de cinco meses consecutivos de contracciones interanuales, el resultado permite dejar atrás el temor a una recesión técnica y entrega una señal más auspiciosa para el segundo semestre. Pero para que esta señal se transforme en una recuperación sostenida, es importante leerla con prudencia y mirar qué hay detrás de ella.
El resultado estuvo impulsado principalmente por la minería, el comercio y los servicios. En particular, la actividad minera creció 9,8% en doce meses, mientras que el comercio avanzó 5,4%. Son cifras relevantes, pero también muestran que la recuperación no está ocurriendo de manera homogénea. El Imacec no minero creció 1,4% anual, mientras la industria manufacturera registró una caída de 0,7%.
Esta diferencia importa. Un buen dato mensual puede marcar un cambio de tendencia, pero no necesariamente significa que todos los sectores estén entrando al mismo ritmo en un nuevo ciclo de crecimiento. Para las empresas, especialmente aquellas que participan de cadenas de suministro amplias, entender estas diferencias es fundamental para tomar decisiones.
La minería es un buen ejemplo. Su fuerte crecimiento en junio responde principalmente a una mayor producción de cobre y se produce en un contexto especialmente favorable para el precio del metal que, durante la última semana, llegó a superar por primera vez los US$6,5 por libra. Chile tiene una posición privilegiada frente a esta coyuntura, pero la minería también está expuesta a factores externos que pueden cambiar rápidamente, como los precios internacionales, la demanda global, los costos o las condiciones geopolíticas.
Algo similar ocurre con el comercio. El avance de 5,4% alcanzado en junio estuvo acompañado por un buen desempeño del comercio mayorista, automotor y minorista, donde destacaron las ventas de vestuario, alimentos y aquellas realizadas a través de plataformas online. Sin embargo, se trata de un sector especialmente sensible a los cambios en el consumo, el acceso al financiamiento y la confianza de empresas y consumidores. Por eso, más que mirar únicamente el crecimiento de las ventas, es necesario observar si este dinamismo logra mantenerse.
Ahí podría estar el principal desafío para este segundo semestre: no confundir un repunte con una recuperación consolidada.
Las empresas tienen que ser capaces de aprovechar las oportunidades que abre un escenario más favorable, pero sin perder la capacidad de anticiparse a los riesgos. Crecer y gestionar el riesgo son objetivos complementarios y deberían avanzar juntos.
Esto es particularmente importante cuando una compañía comienza a aumentar sus ventas, a ampliar sus operaciones o a asumir nuevos compromisos con clientes y proveedores. El crecimiento genera oportunidades, aunque también puede aumentar la exposición financiera de una empresa. Contar con información adecuada sobre los clientes, monitorear el comportamiento de pago y proteger las cuentas por cobrar son elementos que permiten crecer con mayor confianza y sostener ese crecimiento en el tiempo.
La señal que entrega el Imacec es positiva, pero todavía hay desafíos. La industria manufacturera necesita recuperar dinamismo, la construcción continúa enfrentando dificultades y el crecimiento debe extenderse de manera más consistente hacia los distintos sectores de la economía. Al mismo tiempo, el desempleo continúa elevado, recordándonos que una recuperación de la actividad todavía debe traducirse en una mejora más amplia de las condiciones económicas.
Por eso, este momento requiere una mirada equilibrada. El 2,4% de junio es una señal que debemos valorar, pero no basta por sí solo para confirmar un nuevo ciclo de crecimiento. Las empresas que mejor navegan estos períodos son aquellas capaces de combinar oportunidades con información, planificación y gestión de riesgos.


