Miércoles 28 De Octubre De 2026
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Presupuesto 2027: mientras Argentina piensa el Atlántico Sur, ¿qué hará Chile?

Presupuesto 2027: mientras Argentina piensa el Atlántico Sur, ¿qué hará Chile?

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Hay momentos en que los presupuestos dicen mucho más sobre la política exterior de un país que sus comunicados diplomáticos.

Argentina está entrando en uno de esos momentos.

La discusión de su Presupuesto 2027 coincide con un intento más amplio de Buenos Aires por reorganizar instrumentos vinculados a soberanía, defensa y seguridad nacional. El Gobierno de Javier Milei presentó formalmente un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que busca coordinar herramientas diplomáticas, económicas, jurídicas, de defensa e inteligencia y que sitúa expresamente la cuestión de las Falklands/Malvinas y sus recursos dentro de esa arquitectura. 

Se podrá discutir, y habrá que hacerlo, la juridicidad y conveniencia de aquella iniciativa. De hecho, el proyecto ha recibido cuestionamientos internos relevantes respecto de su constitucionalidad y del concepto de “seguridad nacional” que introduce.

Pero desde Chile sería un grave error quedarse mirando únicamente esa polémica.

Porque paralelamente existe algo mucho más tangible: presupuesto.

El proyecto presupuestario argentino para 2027 contempla aproximadamente US$2.833 millones para Defensa según la conversión publicada por Infodefensa. Separadamente, su artículo 42 autoriza operaciones de crédito de hasta US$3.500 millones para tres submarinos convencionales y dos fragatas multimisión, aunque es fundamental precisar que esta autorización no constituye gasto ejecutable durante 2027 ni garantiza que esas adquisiciones finalmente se materialicen.

Eso último es importante.

No estamos frente a tres submarinos argentinos que mañana aparecerán navegando por el Atlántico Sur. Estamos frente a una señal de planificación estratégica.

Y eso debería bastar para que Santiago preste atención.

Chile tampoco está inmóvil

Sería intelectualmente deshonesto afirmar que Chile está reduciendo simplemente sus capacidades de Defensa. El proyecto presupuestario chileno de 2027 contempla $2,648 billones para el Ministerio de Defensa y, según cifras de Dipres recogidas por La Tercera, supone un incremento del 7,6% respecto de 2026. 

Por tanto, el problema chileno no puede reducirse al titular fácil de que “Argentina aumenta y Chile recorta”.

La pregunta es bastante más profunda:

¿Qué estrategia austral está financiando Chile con su Presupuesto 2027?

Porque un presupuesto de Defensa no debería analizarse solamente preguntando cuánto aumenta o disminuye respecto del ejercicio anterior. Debe evaluarse preguntando qué capacidades nacionales construye y para qué escenario estratégico.

Y aquí nuestro extremo austral resulta inevitable.

El mapa está cambiando

Chile tiene una posición geográfica excepcional que ninguna ley presupuestaria extranjera puede modificar: controla íntegramente el Estrecho de Magallanes conforme a su soberanía territorial; cuenta con Punta Arenas como principal núcleo logístico nacional hacia la Antártica; posee Puerto Williams sobre el canal Beagle; proyecta presencia hacia el paso Drake y mantiene una política antártica permanente.

Pero la geografía por sí sola no constituye estrategia.

La geografía sin infraestructura es potencial.

La geografía sin conectividad es distancia.

Y la geografía sin capacidades estatales sostenidas puede terminar convirtiéndose simplemente en un mapa admirable colgado sobre una pared.

Por eso el debate argentino debería ser leído por Chile no como una amenaza inmediata, sino como una advertencia estratégica.

Buenos Aires está intentando vincular soberanía con legislación, instituciones, financiamiento y capacidades militares. Su proyecto incluso contempla un Sistema de Seguridad Nacional y un Consejo de Seguridad Nacional concebidos para articular dimensiones diplomáticas, económicas, jurídicas, de defensa, inteligencia e infraestructura crítica.

Chile debería preguntarse cuál es su equivalente estratégico para Magallanes y la Antártica.

La respuesta chilena no debe ser comprar armas porque Argentina compra armas

Ese sería probablemente el peor enfoque.

Chile y Argentina mantienen un marco bilateral radicalmente distinto del existente hace medio siglo. La respuesta sensata no consiste en resucitar hipótesis de conflicto superadas ni entrar en una competencia aritmética acerca de quién posee más fragatas, submarinos o aviones.

La respuesta chilena debe ser otra: capacidad estratégica nacional.

Esto significa mirar el Presupuesto 2027 desde Magallanes hacia Santiago y no siempre desde Santiago hacia Magallanes.

Puerto Williams debería convertirse progresivamente en una verdadera plataforma logística, científica, marítima y aérea hacia la Antártica.

Punta Arenas debería reforzar su condición de gran nodo antártico del Pacífico Sur.

La Armada requiere capacidades oceánicas compatibles con la enorme responsabilidad marítima de Chile.

La infraestructura portuaria, aeroportuaria, científica, de telecomunicaciones y de búsqueda y rescate del extremo austral debería entenderse como infraestructura estratégica nacional, y no simplemente regional.

Y la conectividad entre Chile continental, Tierra del Fuego, Puerto Williams y la Antártica debería constituir política permanente del Estado.

Eso es soberanía moderna.

Aquí está la verdadera diferencia

Argentina está discutiendo cómo financiar capacidades navales mientras desarrolla simultáneamente legislación destinada explícitamente a fortalecer su reclamación sobre las Falklands/Malvinas y sus recursos.

Chile no necesita imitar esa política.

Necesita comprenderla.

Porque los Estados serios observan lo que hacen sus vecinos no necesariamente para competir con ellos, sino para entender cómo está cambiando su entorno estratégico.

El propio debate argentino demuestra además por qué hay que mantener la prudencia. Los US$3.500 millones destinados potencialmente a submarinos y fragatas corresponden a autorizaciones de crédito y no a adquisiciones ya ejecutadas.

La reacción chilena, por tanto, no puede ser alarmista. Pero tampoco puede ser indiferente.

Del folclore austral a la política de Estado

Chile posee algo extraordinario: una continuidad territorial y marítima que lo proyecta desde el Pacífico hacia el Estrecho de Magallanes, el canal Beagle, el cabo de Hornos y la Antártica.

Lo que necesita ahora es transformar aquella ventaja geográfica en una política estratégica igualmente continua.

Eso exige abandonar una vieja tentación nacional: recordar Magallanes únicamente cuando existe una controversia con Argentina.

El extremo austral no debe recibir recursos porque Argentina compre tres submarinos.

Debe recibirlos porque es estratégico para Chile.

Puerto Williams no necesita desarrollarse porque Ushuaia avance.

Debe desarrollarse porque Chile necesita una plataforma propia hacia el Drake y la Antártica.

La Armada no necesita fortalecerse porque otro Estado compre fragatas.

Necesita capacidades oceánicas porque Chile es un país esencialmente marítimo.

Y la infraestructura antártica no debe financiarse porque Buenos Aires invoque soberanía.

Debe financiarse porque la proyección antártica constituye uno de los intereses permanentes del Estado chileno.

El Presupuesto también es geopolítica

Esa es precisamente la lección que Santiago debería extraer del debate argentino.

Argentina está colocando recursos, legislación y arquitectura institucional detrás de determinadas prioridades nacionales. Incluso con las incertidumbres legislativas existentes y aunque parte importante de las adquisiciones proyectadas todavía dependa de autorizaciones y decisiones posteriores, hay una señal estratégica que Chile no debería ignorar.

Por eso, cuando el Congreso chileno discuta el Presupuesto 2027, la pregunta no debería ser solamente cuánto dinero recibirá Defensa.

Debería preguntarse qué Chile austral estamos financiando.

¿Cuánto estamos poniendo detrás de Puerto Williams?

¿Cuánto detrás de Punta Arenas?

¿Cuánto en capacidades navales, aéreas, científicas, portuarias, satelitales y logísticas que permitan ejercer presencia efectiva en nuestros espacios australes?

¿Cuánto estamos invirtiendo para que la proyección antártica deje de ser una frase obligatoria de los discursos oficiales y se transforme en una ventaja estratégica real?

Argentina puede desarrollar su propia política austral. Está en su derecho.

Pero Chile tiene la obligación de desarrollar la suya.

La soberanía no se declama todos los 21 de mayo, no se conserva mediante mapas y tampoco se defiende reaccionando cada vez que Buenos Aires produce un nuevo decreto.

La soberanía se construye con presencia, infraestructura, ciencia, conectividad, capacidad militar disuasiva y continuidad política.

Y, sobre todo, se financia.

Por eso, frente al Presupuesto 2027 argentino, la pregunta correcta no es qué está haciendo Argentina.

Es mucho más incómoda:

¿qué está dispuesto a financiar Chile para seguir siendo una potencia marítima y antártica en su propio extremo austral?

Porque al final las prioridades estratégicas de los Estados no se encuentran en sus discursos.

Se encuentran en sus presupuestos.

jpber
Juan Pablo Berlinguer