Lunes 2 De Noviembre De 2026
Informar, analizar, anticipar
Opinión

Análisis: Cañas Montalva, el Danstar y el difícil arte de pensar Chile

Análisis: Cañas Montalva, el Danstar y el difícil arte de pensar Chile

Compartir

NATUS
infogate
Chile Farma

 

  • Defender los intereses nacionales no supone estar contra Argentina. El debate abierto por el Danstar vuelve a plantear una vieja pregunta de la política exterior chilena: ¿podemos pensar estratégicamente nuestros intereses australes sin interpretar esa defensa como una provocación al vecino?

Hay una diferencia importante entre ser antiargentino y ser prochileno.

Parece obvia. Pero no siempre lo ha sido en el debate sobre la política exterior de Chile.

La figura del general Ramón Cañas Montalva permite volver sobre esa distinción.

Cañas fue uno de los principales exponentes del pensamiento geopolítico chileno del siglo XX. Sus preocupaciones abarcaron el Pacífico Sur, Magallanes, el canal Beagle y la Antártica. Un estudio académico sobre su obra destaca su concepción tridimensional de la geopolítica, terrestre, marítima y aérea, y su aspiración de que Chile se consolidara como una “pequeña potencia del Pacífico Sur”.

Una recopilación publicada por AthenaLab en 2024 resulta particularmente reveladora. Entre los propios títulos de Cañas aparecen El valor geopolítico de la posición antártica de Chile, Trascendencia geopolítica del canal Beagle y, significativamente, Chile en el Pacífico; Argentina en el Atlántico: factores de estabilidad continental.

Vale la pena detenerse en esto último.

Porque permite matizar la imagen de un pensamiento que pueda ser interpretado simplemente como contrario a Argentina.

Cañas pensaba desde Chile.

Y quizás allí se encuentra el aspecto más contemporáneo de su legado.

Pensar desde Chile

Un país serio debe poder identificar sus intereses sin convertir necesariamente al vecino en adversario.

Argentina tiene intereses argentinos.

Chile tiene intereses chilenos.

En muchos ámbitos coinciden. En otros, naturalmente, pueden divergir.

Eso no debería resultar escandaloso. Constituye una realidad normal de las relaciones internacionales.

Chile necesita mantener una buena relación con Argentina. La geografía hace que esa relación sea permanente y extraordinariamente importante para ambos países.

Pero una relación madura no exige negar que cada Estado posee intereses propios.

Fortalecer Magallanes no es antiargentino.

Desarrollar Puerto Williams no es antiargentino.

Potenciar nuestra infraestructura portuaria austral no es antiargentino.

Ejercer los derechos que correspondan a Chile conforme al derecho internacional tampoco debería ser considerado antiargentino.

Es, simplemente, política exterior.

Por eso resulta preocupante cuando la discusión pública parece desplazarse desde qué interesa a Chile hacia cómo evitar que la definición de ese interés sea interpretada por otros.

Son preguntas diferentes.

Y el caso Danstar acaba de poner esa diferencia sobre la mesa.

El Danstar como advertencia

La proyectada operación del buque chileno Danstar entre Punta Arenas y las Falklands/Malvinas ha generado inquietud diplomática.

Según información publicada el 28 de octubre, el gobernador de Magallanes, Jorge Flies, solicitó la intervención preventiva de la Cancillería chilena para evitar que las diferencias escalen hacia un incidente. Argentina cuestiona el servicio, entre otros elementos, por su posible vinculación con el abastecimiento del proyecto de hidrocarburos Sea Lion.

Hasta ahí, los hechos disponibles públicamente.

Existe después un antecedente que exige bastante más cautela.

Un medio informó, citando fuentes diplomáticas no identificadas, que autoridades argentinas evaluarían una posible interceptación, escolta o multa al Danstar. La misma información señala que no estaría definida la estrategia jurídica para fundamentar una actuación de esa naturaleza.

Por ello sería irresponsable afirmar hoy que el Danstar será interceptado.

No sabemos que eso vaya a ocurrir.

Y es perfectamente posible que la diplomacia haga precisamente aquello para lo cual existe: evitar que una diferencia termine transformándose en un incidente.

Pero la controversia ya plantea una pregunta relevante.

¿Cuál es la política chilena frente a situaciones de esta naturaleza?

No esperar al incidente

El problema de fondo no debería reducirse al itinerario de un buque.

Tampoco debería consistir en anticipar una crisis que aún puede evitarse.

La cuestión verdaderamente interesante es si Chile posee una visión suficientemente permanente sobre sus intereses marítimos y logísticos en el extremo austral.

Porque existen dos formas de hacer política exterior.

Una consiste en reaccionar cuando aparece el problema.

La otra intenta identificarlo antes.

Ésa era precisamente una de las virtudes del pensamiento geopolítico de Ramón Cañas Montalva: observar la geografía como una condición permanente de la política.

Los gobiernos cambian.

Las circunstancias internacionales cambian.

Las relaciones bilaterales atraviesan momentos mejores y peores.

La geografía, en cambio, permanece.

Magallanes sigue allí.

El estrecho sigue allí.

El Beagle sigue allí.

Puerto Williams sigue allí.

La Antártica sigue allí.

Y Argentina seguirá siendo nuestro vecino.

Justamente por eso necesitamos una política hacia Argentina que sea simultáneamente amistosa, cooperativa y consciente de nuestros propios intereses.

No hay contradicción entre esas tres cosas.

El problema no es Argentina

Conviene decirlo expresamente.

Esta no debería ser una discusión sobre si Argentina es amiga o adversaria de Chile.

Ese enfoque nos devuelve precisamente al problema que debemos superar.

Argentina defenderá las posiciones que considere compatibles con sus intereses. Chile tendrá que hacer lo mismo con los suyos.

La función de la diplomacia consiste precisamente en administrar las diferencias para impedir que se conviertan en conflictos.

La pregunta, por tanto, debe dirigirse hacia nosotros mismos.

¿Tenemos suficientemente claros nuestros intereses australes?

¿Existe continuidad entre nuestra política antártica, el desarrollo de Magallanes, Puerto Williams, nuestra infraestructura marítima y nuestras rutas internacionales?

¿O seguimos abordando cada episodio como un asunto separado hasta que una controversia obliga nuevamente a mirar el mapa completo?

El Danstar es importante precisamente porque obliga a formular esas preguntas.

No porque demuestre el fracaso de la diplomacia chilena.

Todavía es demasiado pronto para afirmar semejante cosa.

Sino porque constituye una oportunidad para comprobar si la política exterior chilena es capaz de anticipar y no solamente reaccionar.

La vigencia de Cañas

Aquí vuelve a aparecer Ramón Cañas Montalva.

No necesitamos convertirlo en un profeta ni transportar mecánicamente sus ideas desde mediados del siglo XX hasta 2026.

Sería un error.

Pero sí podemos recuperar algo de su método.

Mirar primero el mapa.

Comprender la posición geográfica de Chile.

Identificar los intereses permanentes.

Y después construir la diplomacia necesaria para defenderlos.

La recopilación contemporánea de sus trabajos muestra hasta qué punto el espacio austral, polar y del Pacífico Sur ocupaba un lugar central en su pensamiento.

Eso no requiere construir una política contra Argentina.

Todo lo contrario.

Chile necesita una relación sólida con Argentina porque ambos países compartirán permanentemente una de las geografías políticamente más complejas del continente.

Pero una buena relación bilateral será más sólida cuando ninguno de los dos países necesite ocultar que también posee intereses propios.

Ser pro-Chile

Tal vez ésa sea la mejor manera de releer hoy a Cañas Montalva.

No como un pensador contra otro país.

Sino como un hombre obsesionado con comprender el propio.

Chile debería poder hablar de Magallanes, del Pacífico Sur, del estrecho, de Puerto Williams y de la Antártica sin que esa conversación sea inmediatamente interpretada bajo la lógica de estar “contra” alguien.

Porque hay una enorme distancia entre nacionalismo y conciencia estratégica.

Entre confrontación y firmeza.

Entre buscar adversarios y defender intereses.

El caso Danstar todavía puede terminar simplemente como una diferencia administrada por la diplomacia. Autoridades de Magallanes están solicitando precisamente una intervención preventiva para evitar un incidente.

Ojalá sea así.

Pero incluso en ese escenario habrá dejado una lección útil.

Durante demasiados años Chile ha discutido sus intereses australes cuando aparece una controversia.

Quizás deberíamos invertir el orden.

Definir primero nuestros intereses para que las controversias no nos encuentren improvisando.

Cañas Montalva comprendió hace décadas que mirar Chile desde Chile no exige convertir a Argentina en adversario.

Esa distinción sigue siendo esencial.

Porque Buenos Aires tiene todo el derecho de pensar primero en Argentina.

Lo verdaderamente preocupante sería que Santiago, por temor a parecer antiargentino, olvidara que su primera obligación es pensar primero en Chile.

jpber
Juan Pablo Berlinguer