- Chile genera más de 572 mil toneladas de residuos textiles al año. Frente a este escenario, Sonner desarrolla una alternativa que transforma materiales en desuso en soluciones de absorción acústica para espacios interiores, abriendo nuevas posibilidades para la valorización de estos residuos.
¿Qué ocurre con un uniforme corporativo cuando deja de utilizarse? ¿O con los textiles que, después de cumplir su vida útil, terminan convertidos en residuos? En Chile, donde se generan más de 572 mil toneladas de desechos textiles al año, estas preguntas han comenzado a impulsar la búsqueda de nuevas alternativas para aprovechar materiales que todavía pueden tener una utilidad.
Una de esas iniciativas es Sonner, emprendimiento chileno fundado en 2021 que trabaja en el desarrollo de soluciones acústicas a partir de textiles reciclados y biomateriales, explorando nuevas aplicaciones para materiales que habitualmente terminan fuera de la cadena productiva.
La idea surgió a partir de una inquietud de su fundador, Cristián Marín, quien mientras se desempeñaba como director de Administración y Finanzas de Marca Chile observó una contradicción: por una parte, el país buscaba posicionarse internacionalmente en torno a la sustentabilidad, mientras que, por otra, los residuos textiles acumulados en el norte evidenciaban un problema ambiental que requería nuevas respuestas.
“Sonner nace de una contradicción: queríamos hablar de un Chile sustentable mientras veíamos un problema textil enorme sin una salida de valor. La pregunta fue cómo convertir ese residuo en una materia prima útil”, recuerda Marín.
Cuando un residuo encuentra un nuevo uso
El proceso desarrollado por la empresa comienza con la selección y preparación de los textiles en desuso. Estos materiales son triturados y combinados con biomateriales y agua para obtener una mezcla que posteriormente se moldea y seca hasta convertirse en revestimientos y soluciones de absorción acústica.
Dependiendo del producto y de las características del material utilizado, cada metro cuadrado puede incorporar entre cuatro y cinco kilos de residuos textiles.
La propuesta también considera qué ocurre una vez que estos productos terminan su vida útil: sus propios paneles pueden volver a triturarse e incorporarse al proceso de fabricación, buscando prolongar el aprovechamiento de los materiales.
La iniciativa aborda, además, una problemática presente en distintos espacios interiores. En oficinas, restaurantes y establecimientos educacionales, las superficies duras pueden generar reverberación, fenómeno que ocurre cuando el sonido rebota y permanece en el ambiente, dificultando las conversaciones y la comprensión del habla.
En este caso, las soluciones desarrolladas por Sonner están orientadas al acondicionamiento acústico interior y no al aislamiento del ruido entre espacios.
“Para nosotros, economía circular no es solamente reciclar. Es lograr que un material que terminó una función pueda entrar nuevamente a una cadena productiva y adquirir un nuevo uso”, explica Marín.
Un desafío que comienza a tomar relevancia en Chile
La búsqueda de alternativas para aprovechar los residuos textiles adquiere un nuevo contexto con los cambios regulatorios que enfrenta el sector. En 2025, los textiles fueron declarados producto prioritario de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP) y durante 2026 el Ministerio del Medio Ambiente inició el procedimiento para elaborar el decreto que establecerá futuras metas de recolección y valorización.
Este escenario abre preguntas sobre qué ocurrirá con los textiles que dejan de utilizarse, qué alternativas existen para recuperarlos y cómo pueden incorporarse nuevamente a distintas cadenas productivas.
Desde su creación, Sonner ha avanzado en el desarrollo de su tecnología con apoyo de instrumentos de Corfo. En 2022 obtuvo financiamiento a través de Capital Semilla Inicia, que permitió desarrollar un producto mínimo viable y realizar ensayos técnicos. En 2025 se incorporó al programa EcoXcale, actualmente en ejecución, para trabajar en la optimización y escalamiento de su proceso productivo.
Actualmente, la empresa se encuentra fortaleciendo su operación. Durante 2026 aumentó su producción efectiva desde aproximadamente 70-80 m² mensuales a cerca de 150 m², y trabaja para alcanzar una capacidad de 500 m² mensuales hacia fines de año.
Para Marín, el desafío va más allá de encontrar una aplicación para los textiles en desuso. Se trata de cambiar la manera en que se entienden estos materiales y las posibilidades que ofrecen después de su primera vida útil.
“Queremos demostrar que un residuo textil puede dejar de ser un problema para convertirse en materia prima, y que esa materia prima puede tener una nueva utilidad. Esa es la circularidad que nos interesa impulsar: una que se pueda ver, usar y medir”, concluye.


